PRIMER CONGRESO DE RELACIONES INTERNACIONALES ITESM GUADALAJARA
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7 de marzo de 2010
Congreso RI
6 de marzo de 2010
Convocatoria
1er Congreso De Relaciones Internacionales - Mendoza, Argentina. 2010.
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Artículo sobre FAO
La FAO, contaminada transgénicamente
Pat Mooney*
Estamos atestiguando a la contaminación transgénica de la FAO. Eso es una tragedia. Todo el proceso ha contaminado a la FAO. Es sorprendente darnos cuenta que, a lo largo de los últimos meses, mil 500 organizaciones campesinas, sociales y de la sociedad civil de todo el mundo escribieron una carta al secretariado general de la FAO diciéndole: tienen que hacer algo respecto a un crimen de lesa humanidad que está ocurriendo aquí en México con los cultivos de maíz”. La FAO respondió: “nos encantaría ayudar, pero se trata de un asunto nacional, y nosotros no podemos intervenir en un asunto nacional”.
Después, la FAO viene a México, y realiza una conferencia sobre la biotecnología en cultivos y, cuando los agricultores, los campesinos y las organizaciones de aquí, como UNORCA, le dicen a la FAO que quieren participar en ella para hablar sobre la contaminación transgénica, la FAO responde: “nos encantaría que vinieran pero, desafortunadamente, esta es una conferencia internacional y ustedes no pueden asistir”. De tal manera que, lo que atestiguamos aquí es la contaminación de la FAO a manos de las empresas trasnacionales y la cobardía de la FAO para abordar este tema como organización del sistema de Naciones Unidas, y eso es absolutamente inaceptable.
Si se miran los crímenes contra la humanidad, como lo es la contaminación transgénica del maíz, debemos mirar también el crimen contra la humanidad que representa la contaminación de la Organización de Naciones Unidas.
Hambruna
Hubo una vez, hace 35 o 36 años, una hambruna. Y en esa hambruna, mientras la gente moría vimos que hubo también especulación en el mercado, vimos que mucha comida desaparecía del mercado, vimos muy altos precios de los alimentos. Había sequía, altos precios del petróleo, preocupación sobre el futuro de la economía petrolera y una preocupación también porque la crisis alimentaria tal vez se quedaría con nosotros por muchas décadas. ¿Les suena familiar? ¿Habían oído hablar de estas crisis antes?
De manera que el mundo (o al menos nosotros) teníamos un problema. Y el problema era terminar con el hambre y asegurarnos de que los agricultores fueran tratados honorable y equitativamente mientras nos ayudaban a terminar con el hambre. Necesitábamos una reforma agraria, necesitábamos mercados justos, necesitábamos ser tratados equitativamente.
Teníamos un problema, pero la industria tenía una oportunidad, porque las crisis siempre crean oportunidades para alguien. La oportunidad para la industria era que enfrentaba un mercado sumamente diversificado y ese mercado diverso de insumos y productos (fertilizantes, agroquímicos y semillas) no era tan lucrativo como podía ser. Desde la perspectiva de la industria, había demasiadas empresas semilleras, demasiadas empresas químicas, todas demasiado desorganizadas, lo cual no ofrecía muchas oportunidades para generar ganancias. Y para la industria también estaba el problema de cómo convencer al sector público para que dejara de competir con el sector privado, el problema de sacarlo de la competencia. Ese fue el origen de las llamadas Asociaciones Público-Privadas (Public-Private Partnerships). Lo que las empresas propusieron fue: “No se preocupen. Nosotros nos encargaremos del hambre. Todo lo que ustedes tienen que hacer es entregarnos lo que necesitamos para controlar el mercado”. La industria dijo: “tenemos esta tecnología nueva. Es extremadamente cara. Es muy riesgosa, en términos de nuestra inversión e investigación, así que necesitamos que el gobierno nos abra un espacio para que podamos desarrollar esta tecnología y poder así alimentar a los hambrientos del mundo”.
Lo único que los gobiernos debían hacer eran tres cosas: 1) tenían que cambiar el sistema de patentes para posibilitar la propiedad sobre la vida, para poder tener patentes monopólicas sobre todos los aspectos de los seres vivientes, es decir, sólo cambiar las leyes un poco; en términos de regulación, los gobiernos sólo tendrían que hacerse un poco de la vista gorda, cuando las empresas comenzaran a concentrarse a través de diferentes sectores de la economía. “No se preocupen por la política de competencia. Permitan que las compañías fabricantes de pesticidas adquieran empresas semilleras y permitan que las empresas farmacéuticas comprarlas a todas”. 2) Que el gobierno dejara de competir con la industria privada. En esta asociación público-privada propuesta por la industria, el sector público tenía que desaparecer, para que así dejara de haber investigación financiada con recursos públicos que estuviese directamente vinculada con los agricultores, con los campesinos. La investigación pública debería estar únicamente vinculada con las empresas y nadie más. 3) Había que convencer a las pequeñas empresas en el sector privado (a las pequeñas empresas semilleras familiares y todas las pequeñas industrias) de que tampoco estaban calificadas para competir porque esta tecnología es demasiado grande y cara como para que las pequeñas empresas pudieran costearla y sobrevivir. Así que las pequeñas empresas debían rendirse y dejarse comprar. Y las empresas obtuvieron todo lo que pidieron.
La concentración monopólica
A lo largo de los últimos 35 años, después de la última gran crisis alimentaria, lo que ocurrió fue que pasamos de alrededor de 7 mil diferentes empresas semilleras en el mundo, que abastecían de semillas a los agricultores, a sólo cuatro empresas que controlan más de la mitad del mercado mundial de semillas. Y las 10 más grandes empresas controlan más de dos terceras partes del mercado mundial de semillas comerciales. Y las principales empresas químicas han pasado de ser alrededor de 65 a apenas ser nueve, que controlan cerca de 90 por ciento del mercado mundial de pesticidas. Y del mismo modo, las grandes empresas se han apropiado del mercado de la medicina veterinaria y del mercado de la genética del ganado.
Y como ustedes saben, las principales empresas fabricantes de pesticidas son las mismas principales empresas semilleras en el mundo y también son las principales fabricantes de medicamentos veterinarios y muchas de ellas se están moviendo hacia el mercado de la genética animal y el control genético del ganado. Y en todo el mundo, el sector público se marchita y muere, y aquello que queda de él, ese pequeño sector está casi enteramente al servicio del sector privado, esto es, al servicio de las grandes empresas.
Y, por supuesto, la gran tecnología que propusieron las empresas hace 35 años, la tecnología que resolvería los problemas del hambre en el mundo es la biotecnología, los transgénicos.
¿Han notado ustedes cuán exitosas han sido las empresas? En 1996 había 400 millones de hambrientos en todo el mundo. El año pasado, durante la última cumbre sobre alimentación, se contabilizaban mil millones de hambrientos en el planeta. Han tenido mucho éxito, pero nosotros todavía tenemos un problema: hambre, injusticia, la destrucción de la agricultura campesina alrededor del mundo. Ahora la ONU se vuelve a reunir, aquí en Guadalajara y lo que dice es: “tenemos un problema”. “Tenemos una crisis alimentaria, una crisis de los combustibles fósiles, una crisis financiera, una crisis climática. ¿Qué vamos a hacer?” Y la industria está aquí en Guadalajara diciendo: “No se preocupen. Tenemos una solución. Estamos yendo aún más allá de la biotecnología y hemos empezado a hablar de la biología sintética. Tenemos una nueva generación de tecnologías que resolverán sus problemas.
Según la industria, nosotros hemos estado pensando mal el problema. Hemos estado pensando en cosas como comida; hemos estado viendo a la tierra como un espacio para cultivar medicinas, o bien, como un espacio donde vivir, cuando, en realidad se trata sólo de carbohidratos. Sólo es biomasa. En realidad, según la industria, no necesitamos de los agricultores para producir alimentos; “lo que necesitamos es cultivar biomasa”. Y al final del día, lo único que necesitamos decidir es cómo usar esa biomasa. ¿La usaremos para alimentar nuestros automóviles? ¿La usaremos para alimentar a nuestra gente? ¿A nuestro ganado? ¿Para producir plásticos u otros bienes industriales? “Sólo es biomasa”.
El problema para la industria es, por supuesto, convencernos de que esta tecnología es en verdad la solución, de que esta nueva y extrema ingeniería genética, este nuevo nivel de la biotecnología es la solución a todos nuestros problemas. Y dicen que ésta es también la solución al cambio climático. A medida que nuestros cultivos están en un riesgo mayor mientras cambia el clima, a medida que debemos enfrentar nuevas plagas y enfermedades, necesitamos transitar por este enfoque extremo para adaptarnos rápidamente a nuevas condiciones que nunca antes habíamos experimentado. Y la industria nos dice: “sólo confíen en nosotros”.
La oportunidad para la industria
De manera que, nuestro problema de hambre es, nuevamente, una oportunidad para la industria. Y esa oportunidad se reduce a un simple hecho: que, para ellos, en la actualidad, menos de una cuarta parte de la biomasa terrestre anual es utilizada o, como ellos la ven, mercantilizada, es decir, como objeto de compra-venta en el mercado. Esto significa que para la industria, tres cuartas partes de la biomasa mundial todavía es susceptible de ser mercantilizada, que está ahí para ser controlada, poseída por la industria.
Las empresas necesitan entonces crear un nuevo mito tecnológico que les permita obtener acceso a ese 75 por ciento de la biomasa del mundo. Si ustedes son campesinos aquí en México, saben bien que no existe tal cosa como biomasa sobrante o desaprovechada. Ustedes saben que esa biomasa es usada por la madre naturaleza para mantener los ecosistemas, es usada para medicamentos o para alimentar al ganado; por supuesto que es usada como alimento, pero siempre es aprovechada, siempre tiene un lugar y una función. Es absurdo, deshonesto y una desgracia el sólo sugerir que la biomasa del mundo no es utilizada. Pero la biomasa que no es propiedad privada, que no es controlada por las empresas es vista como “un crimen de lesa industria”. Y quieren detener ese “crimen” aquí, en este país, mediante el control de los centros de diversidad agrícola y mediante el control del maíz.
La lucha más importante hoy es por asegurarnos de que el maíz siga siendo lo que ha sido a lo largo de la historia, que el maíz siga siendo de la tierra y del pueblo de México. Esa es la batalla más importante. Si ustedes pierden la batalla en el centro de origen del maíz, entonces perderemos los centros de origen de la diversidad agrícola en todo el mundo. No podemos ganar si ustedes pierden. Ustedes no sólo están luchando en defensa del maíz, no sólo están luchando contra Monsanto. Están luchando contra los nuevos “amos de la biomasa” y contra los nuevos controles que ellos proponen sobre las nuevas tecnologías. Todos dependemos de ustedes.
He visto los carteles que rezan: “Sin maíz no hay país”. Pero eso no es suficiente. Yo creo que sin maíz no hay humanidad. Lo necesitamos. Si ustedes pierden aquí, todos perderemos.
*Director Ejecutivo del Grupo ETC. Intervención en la Audiencia Los transgénicos nos roban el futuro, organizada por La Vía Campesina, la Red en Defensa del Maíz y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales.
Traducción: Octavio Rosas Land
FUERTE DECLARACIÓN
Ataques del S-11, "gran mentira" fabricada por EU: Ahmadineyad
"El incidente del 11 de septiembre fue una gran mentira enfocada a encontrar un pretexto para combatir el terrorismo, pero (en realidad) preparada para invadir Afganistán", aseguró el presidente de Irán.
"El incidente del 11 de septiembre fue una gran mentira enfocada a encontrar un pretexto para combatir el terrorismo, pero (en realidad) preparada para invadir Afganistán", aseguró el presidente de Irán.
6 de Marzo de 2010 NOTIMEX
Madrid. El presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad dijo este sábado que los atentados del 11 de septiembre de 2001 son una "gran fabricación" que Estados Unidos usó para justificar su guerra contra el terrorismo, reportó la agencia oficial de noticias iraní IRNA.
Ahmadineyad dijo que los ataques fueron parte de un "escenario y un movimiento de inteligencia complicado".
"El incidente del 11 de septiembre fue una gran mentira enfocada a encontrar un pretexto para combatir el terrorismo, pero (en realidad) preparada para invadir Afganistán", sostuvo.
Casi tres mil personas murieron en los ataques aéreos realizados en las ciudades de Nueva York y Washington, adjudicados a la red islámica Al Qaeda.
En enero, el mandatario iraní señaló que los ataques del 11 de septiembre fueron "sospechosos" y acusó a las naciones occidentales de querer dominar a Medio Oriente.
Estas declaraciones se dan justo cuando la tensión entre los países occidentales, encabezados por Estados Unidos, e Irán se han intensificado debido al programa nuclear iraní, indicaron medios de comunicación locales.
Ahmadineyad dijo que los ataques fueron parte de un "escenario y un movimiento de inteligencia complicado".
"El incidente del 11 de septiembre fue una gran mentira enfocada a encontrar un pretexto para combatir el terrorismo, pero (en realidad) preparada para invadir Afganistán", sostuvo.
Casi tres mil personas murieron en los ataques aéreos realizados en las ciudades de Nueva York y Washington, adjudicados a la red islámica Al Qaeda.
En enero, el mandatario iraní señaló que los ataques del 11 de septiembre fueron "sospechosos" y acusó a las naciones occidentales de querer dominar a Medio Oriente.
Estas declaraciones se dan justo cuando la tensión entre los países occidentales, encabezados por Estados Unidos, e Irán se han intensificado debido al programa nuclear iraní, indicaron medios de comunicación locales.
¿Habrá nueva diplomacia en la Union Europea?
R. M. DE R. - Córdoba - 07/03/2010
El nuevo servicio diplomático que se plantea la Unión Europea estará basado en la calidad y no tendrá en cuenta las cuotas si se hacen realidad los deseos manifestados ayer en Córdoba ante los ministros de Exteriores de la Unión por Catherine Ashton. En principio, sus deseos parecen factibles. "Los Estados no quieren cuotas", señaló una fuente diplomática. Factible, pero no sin resistencias, porque "todos los Estados quieren estar representados" en el futuro Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE).
La reunión informal de Córdoba de los jefes de la diplomacia de los Veintisiete sirvió para fijar el mapa de la ruta que debe llevar al SEAE, la principal innovación del Tratado de Lisboa, que supone crear desde cero una nueva institución comunitaria. A este aspecto de innovación absoluta atribuyen las distintas fuentes las tensiones y problemas evidenciados entre los Gobiernos ya las instituciones comunitarias.
El plan de Ashton es presentar el próximo mes de abril su plan para el SEAE ante el Consejo (los Gobiernos de la Unión), tras haber conseguido antes el visto bueno de la Comisión Europea y haber consultado con el Parlamento Europeo. De momento se trata de "definir el esqueleto en el que se pondrá carne en cuestión de meses y de años", señala la Alta Representante. La semana entrante en Estrasburgo habrá un debate parlamentario sobre la cuestión del que Ashton espera sacar ideas que incluir en el proyecto.
En la reunión de ayer, los ministros también abordaron el proceso de paz en Oriente Próximo. Los Veintisiete se hicieron solidarios con el intento del senador estadounidense George Mitchell de sentar en la misma mesa a israelíes y palestinos y se mostraron dispuestos a optar por la "acción para hacer posible la realidad de una solución de dos Estados", en palabras de Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores español. Ashton se propone visitar la próxima semana Cisjordania y Gaza.
¿Qué destapó el terremoto en Chile?
Marcos Roitman Rosenmann*
Existen países que siempre se verán afectados por catástrofes naturales. Chile es uno de ellos. Los terremotos y tsunamis han dejado una huella profunda en su historia. No son una excepción. Es una tragedia que se repite. El problema tiene dos caras. Una hace referencia a la naturaleza del fenómeno y la otra al contexto sociopolítico y económico en el cual se produce. Primero nos encontramos ante la incapacidad humana de predecirlos con suficiente antelación para alertar a la ciudadanía. Y en segundo lugar tenemos el grado de organización del Estado para enfrentar sus consecuencias, no importando su magnitud. Estas dos variables marcan las diferencias con relación a huracanes, tifones, heladas o erupciones volcánicas. Estos pueden predecirse con un alto grado de fiabilidad. La sorpresa no existe. El diseño de un plan de evacuación y protección civil puede movilizar y articular a la sociedad civil en la defensa de sus bienes muebles e inmuebles. Poner en tensión todas las estructuras de poder en beneficio de la colectividad aminora los miedos y puede incluso hacer imperceptible los daños causados. Educar en esta dirección es una manera de estar atentos. En esto consiste la diferencia entre unos países y otros de América Latina. Cuba representa un buen ejemplo de lo dicho. Cuando los huracanes amenazan su población, la celeridad y organización muestran su eficacia.
Ahora bien, si hablamos de hacer frente a temblores de alta intensidad su prevención tiene otra dinámica. Consiste en aplicar los conocimientos técnicos más avanzados en el arte de la construcción y la ingeniería sísmica. Edificar de manera segura y vigilar que se cumplan las normas es la mejor y tal vez la única forma de aminorar los daños materiales e impedir una hecatombe humana. En este sentido, las autoridades políticas no pueden relajarse ni bajar la guardia. Hay que estar siempre alerta y tener capacidad de respuesta. Controlar la situación o convertir la tragedia humana y el desastre natural en un sin fin de improvisaciones es la distancia que separa a un sistema político democrático de cualquier otro. Inclusive puede llegar a destapar la inoperancia de sistemas considerados fuertes y bien ordenados. Sirva como dato las repercusiones del terremoto de 1985 que afectó fundamentalmente a la ciudad de México.
En Chile, tras el golpe militar de 1973, el Estado ha sido desmantelado y sus organizaciones sociales populares perseguidas y desarticuladas. En este contexto, cualquier catástrofe natural cobra una dimensión mucho mayor. Si tomamos como ejemplo los terremotos de 1960 en pleno gobierno conservador de Jorge Alessandri, de similares características en intensidad, y el de 1971, ocurrido durante el gobierno de la Unidad Popular, encontramos grandes diferencias en la forma cómo se abordaron y en la respuesta de toda la ciudadanía. La solidaridad unió a los chilenos en la tragedia. Todos quisieron aportar su grano de arena. Trabajos voluntarios, colectas y sobretodo cooperación. No hubo necesidad de aplicar leyes de excepción, imponer el toque de queda o llamar al ejército a defender la “propiedad privada” de las hoy opulentas clases dominantes chilenas surgidas al amparo del neoliberalismo.
Esta sutil pero radical diferencia marca la línea divisoria. En el siglo pasado, el Estado por vía de sus organismos públicos, asumió la distribución de medicinas, instaló hospitales de campaña, trasladó a los enfermos más graves a centros hospitalarios y distribuyó comida, agua y mantas. No hubo desmanes, ni asaltos, ni nada parecido. Existía conciencia de poseer una ciudadanía republicana que obligaba colectivamente. Las sensaciones fueron de sobrecogimiento, dolor y pesar. Si bien los más damnificados fueron, como de costumbre, las clases populares y los sectores medios, una sociedad cohesionada disminuyó el tiempo del sufrimiento. Era una forma de interpretar la desgracia. No se trataba de las pérdidas materiales y vidas humanas. Lo importante radicaba en la capacidad para transformar la aflicción en esperanza. Construir una cadena y sin fisuras. Todos se sentían parte del problema y arrimaron el hombro. También, como de costumbre, los más aguerridos fueron quienes perdieron todo o casi todo. Ellos sacaron fuerzas de flaqueza y dieron el ejemplo. Pero no estaban o se sentían abandonados, recibieron la mano amiga y el apoyo de sus conciudadanos. La respuesta fue un símbolo de unidad. Gobierno, instituciones, partidos políticos, movimientos sociales actuaron al unísono.
Hoy, tras el terremoto, no es posible articular una respuesta solidaria y eficaz. Los gobernantes de Chile sólo han podido recurrir a la fuerza bruta. El país no posee la capacidad de respuesta de antaño. Todo es diferente. Las acciones del gobierno y la oposición buscan otros objetivos. Ya no se trata de paliar los efectos humanos y sociales del sismo. Se debe afirmar y mantener una mentira, aquella que señala a Chile como un país de éxito y autosuficiente. Con este relato se quieren minimizar las consecuencias y dejar incólume los fundamentos deshumanizadores del neoliberalismo. Se recrean en su mentira haciendo disminuir las cifras de muertos, como si el dato estadístico fuese un símbolo de buena salud del sistema, restando importancia al problema de fondo. Me refiero al individualismo que se apoderó durante estos 40 años del alma de los chilenos, donde no hay espacio para la solidaridad ni la cooperación. Ahora se trata de competir en el mercado, ser un ganador. No en vano, su futuro presidente, Sebastián Piñera, adjudica su triunfo a la capacidad para interpretar el sentir del chileno medio y del cual se dice un digno representante: una buena preparación académica, una gran iniciativa personal para hacer dinero y un cierto grado, no demasiado, de vocación para ejercer el servicio público.
Seguramente, con estos dones, algunos especuladores se están frotando las manos para encauzar los megaproyectos de reconstrucción. Así, el sismo dejará pingues beneficios. Por estas razones, las autoridades políticas que gobiernan Chile sólo han pensado en atacar el problema en una dirección: declarar el toque de queda, militarizar las zonas afectadas y aplicar la ley marcial. Sin duda, al hacerlo han dejado al descubierto las contradicciones del actual sistema político chileno: sus carencias democráticas. Ojalá el terremoto sirva para desvelar la gran farsa de Chile, sustentada en un sálvese quien pueda, pero yo el primero.
Ahora bien, si hablamos de hacer frente a temblores de alta intensidad su prevención tiene otra dinámica. Consiste en aplicar los conocimientos técnicos más avanzados en el arte de la construcción y la ingeniería sísmica. Edificar de manera segura y vigilar que se cumplan las normas es la mejor y tal vez la única forma de aminorar los daños materiales e impedir una hecatombe humana. En este sentido, las autoridades políticas no pueden relajarse ni bajar la guardia. Hay que estar siempre alerta y tener capacidad de respuesta. Controlar la situación o convertir la tragedia humana y el desastre natural en un sin fin de improvisaciones es la distancia que separa a un sistema político democrático de cualquier otro. Inclusive puede llegar a destapar la inoperancia de sistemas considerados fuertes y bien ordenados. Sirva como dato las repercusiones del terremoto de 1985 que afectó fundamentalmente a la ciudad de México.
En Chile, tras el golpe militar de 1973, el Estado ha sido desmantelado y sus organizaciones sociales populares perseguidas y desarticuladas. En este contexto, cualquier catástrofe natural cobra una dimensión mucho mayor. Si tomamos como ejemplo los terremotos de 1960 en pleno gobierno conservador de Jorge Alessandri, de similares características en intensidad, y el de 1971, ocurrido durante el gobierno de la Unidad Popular, encontramos grandes diferencias en la forma cómo se abordaron y en la respuesta de toda la ciudadanía. La solidaridad unió a los chilenos en la tragedia. Todos quisieron aportar su grano de arena. Trabajos voluntarios, colectas y sobretodo cooperación. No hubo necesidad de aplicar leyes de excepción, imponer el toque de queda o llamar al ejército a defender la “propiedad privada” de las hoy opulentas clases dominantes chilenas surgidas al amparo del neoliberalismo.
Esta sutil pero radical diferencia marca la línea divisoria. En el siglo pasado, el Estado por vía de sus organismos públicos, asumió la distribución de medicinas, instaló hospitales de campaña, trasladó a los enfermos más graves a centros hospitalarios y distribuyó comida, agua y mantas. No hubo desmanes, ni asaltos, ni nada parecido. Existía conciencia de poseer una ciudadanía republicana que obligaba colectivamente. Las sensaciones fueron de sobrecogimiento, dolor y pesar. Si bien los más damnificados fueron, como de costumbre, las clases populares y los sectores medios, una sociedad cohesionada disminuyó el tiempo del sufrimiento. Era una forma de interpretar la desgracia. No se trataba de las pérdidas materiales y vidas humanas. Lo importante radicaba en la capacidad para transformar la aflicción en esperanza. Construir una cadena y sin fisuras. Todos se sentían parte del problema y arrimaron el hombro. También, como de costumbre, los más aguerridos fueron quienes perdieron todo o casi todo. Ellos sacaron fuerzas de flaqueza y dieron el ejemplo. Pero no estaban o se sentían abandonados, recibieron la mano amiga y el apoyo de sus conciudadanos. La respuesta fue un símbolo de unidad. Gobierno, instituciones, partidos políticos, movimientos sociales actuaron al unísono.
Hoy, tras el terremoto, no es posible articular una respuesta solidaria y eficaz. Los gobernantes de Chile sólo han podido recurrir a la fuerza bruta. El país no posee la capacidad de respuesta de antaño. Todo es diferente. Las acciones del gobierno y la oposición buscan otros objetivos. Ya no se trata de paliar los efectos humanos y sociales del sismo. Se debe afirmar y mantener una mentira, aquella que señala a Chile como un país de éxito y autosuficiente. Con este relato se quieren minimizar las consecuencias y dejar incólume los fundamentos deshumanizadores del neoliberalismo. Se recrean en su mentira haciendo disminuir las cifras de muertos, como si el dato estadístico fuese un símbolo de buena salud del sistema, restando importancia al problema de fondo. Me refiero al individualismo que se apoderó durante estos 40 años del alma de los chilenos, donde no hay espacio para la solidaridad ni la cooperación. Ahora se trata de competir en el mercado, ser un ganador. No en vano, su futuro presidente, Sebastián Piñera, adjudica su triunfo a la capacidad para interpretar el sentir del chileno medio y del cual se dice un digno representante: una buena preparación académica, una gran iniciativa personal para hacer dinero y un cierto grado, no demasiado, de vocación para ejercer el servicio público.
Seguramente, con estos dones, algunos especuladores se están frotando las manos para encauzar los megaproyectos de reconstrucción. Así, el sismo dejará pingues beneficios. Por estas razones, las autoridades políticas que gobiernan Chile sólo han pensado en atacar el problema en una dirección: declarar el toque de queda, militarizar las zonas afectadas y aplicar la ley marcial. Sin duda, al hacerlo han dejado al descubierto las contradicciones del actual sistema político chileno: sus carencias democráticas. Ojalá el terremoto sirva para desvelar la gran farsa de Chile, sustentada en un sálvese quien pueda, pero yo el primero.
*Es doctor en Sociología. Profesor Titular de Estructura social de América latina, Universidad Complutense de Madrid

