Página creada por Luis Fernando Vargas, estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales de la BUAP.


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15 de marzo de 2010

Migración Global

Migración global
Jorge Durand
El tema de la migración se ha convertido en una papa caliente en el contexto de las relaciones internacionales. Sin embargo, el problema” se focaliza en tan solo una docena de países de acogida y una veintena de países de origen. Uno se pregunta si tanto ruido global se justifica para un asunto finalmente parcial, limitado y focalizado. La pobreza extrema en el mundo incumbe a cientos de países y miles de millones de personas y no parece quitarles el sueño a los jerarcas del planeta.
En efecto, el total de migrantes en el mundo, según estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), es 214 millones personas, lo que significa el 3.01 por ciento del total de la población mundial. Más aún, la inmensa mayoría de migrantes son legales (90.6 por ciento), la población de migrantes irregulares es de 20 millones, repartidos en dos áreas geográficas: 11.5 millones en Estados Unidos, 8 millones en Europa y medio millón en otros países del mundo.

Pero incluso a escala regional la migración irregular presenta cifras relevantes pero no escandalosas. Estados Unidos con una población total de 301 millones de personas acoge a 38 millones de inmigrantes, es decir 12 por ciento de su población. Se trata de una cifra significativa, porque supera el 10 por ciento que es el indicador para migración masiva, tanto en países de acogida como de origen. Sin embargo, se trata de la economía más dinámica del mundo y con necesidades muy urgentes de mano de obra, tanto especializada como no calificada.

El inconveniente radica en la migración irregular, que en Estados Unidos equivale a una cuarta parte de la población extranjera. Lo que sí es un problema es la proporción de irregulares mexicanos, que se estima en 6 millones, 55 por ciento de la migración irregular de Estados Unidos. La danza de cifras indica nuevamente que el verdadero problema está focalizado. La migración irregular proviene del área de influencia directa de Estados Unidos: América Latina.

Por su parte, los 27 países de la Unión Europea sumaban, en 2007, un total de 495 millones y se ha estimado la población inmigrante en unos 25 millones, es decir 5 por ciento de la población total. Una cifra considerablemente baja, si se la compara con Estados Unidos, que es de más del doble. El problema radica, nuevamente, en el número, proporción y distribución de los migrantes irregulares. Éstos suman 8 millones, lo que significa 32 por ciento de la población extranjera, ocho puntos porcentuales arriba de Estados Unidos. Si nos atenemos a los números, se puede afirmar que los europeos no han podido manejar adecuadamente el problema de la inmigración irregular. En Europa confluyen flujos de todo el planeta: África del Norte, África Subsahariana, América Latina, Medio Oriente, Asia y Europa del Este. Como resultado, en los principales países europeos la relación entre población total y población extranjera supera 10 por ciento. Son los casos de Alemania (12.9 por ciento), España (10.7 por ciento), Francia (10.6 por ciento), Reino Unido (12.9 por ciento) y Suiza (23.3 por ciento).

Como quiera, Europa seguirá demandando migrantes, ya que su tasa global de natalidad es muy baja (1.41 hijos por mujer) y buena parte de su crecimiento demográfico se debe a las tasa más alta de reproducción de la población migrante. En el caso de España y a pesar de la crisis, se espera reclutar en los próximos cuatro años a 100 mil inmigrantes altamente calificados, con un sueldo promedio de 48.400 dólares anuales y con el compromiso institucional de facilitar el trámite burocrático a menos de 30 días.

Europa se orienta hacia una inmigración calificada y selectiva que incida en los negocios, el avance científico y tecnológico y la productividad. Pero buena parte de su calidad de vida no depende de los migrantes profesionales y calificados sino de los trabajos y servicios que brindan inmigrantes no calificados.

Europa ha empezado a pagar una pequeña factura histórica después de cuatro siglos de expoliación colonial. No puede, ni quiere, romper los lazos que todavía la unen con sus colonias y ex colonias. Pero al mismo tiempo quiere mantener la misma situación de antes, cuando los americanos, árabes y asiáticos trabajaban para el imperio y no se movían de su lugar de origen.

Estados Unidos y Canadá aplicaron hasta los años 60 del siglo pasado políticas migratorias restrictivas, con una clara orientación racial y discriminatoria. Y el modelo funcionó. Se contuvo la inmigración asiática y africana, y se contaba con la ventaja adicional de que los países socialistas impedían el libre tránsito. Se cuenta que el presidente Carter, promotor internacional de los derechos humanos y la democracia a escala mundial, le dijo a su homólogo chino que le preocupaba la situación de la falta de libertad de tránsito en su país. A lo que el presidente chino respondió que cuántos millones de personas podía aceptar Estados Unidos, que se los enviaba inmediatamente… Más allá de la anécdota o el chiste, sucede otro tanto con Cuba. La política estadunidense de pies secos, que le da asilo inmediato a todo aquel cubano que entre por tierra a su territorio (es decir por México o Canadá), se acaba el día que llegue la democracia a Cuba.

En el siglo XXI el fenómeno migratorio global se ha incrementado notablemente y las políticas en la materia encuentran cada vez más dificultades para enfrentar la situación. España ha cambiado su ley cinco veces en la década pasada. El desarrollo y la bonanza económica requieren necesariamente de trabajadores migrantes, tanto profesionales de alto nivel como mano de obra barata. Un indicador de desarrollo es precisamente la proporción de población extranjera que cada país acoge. Por eso mismo, las democracias, que permiten y fomentan el libre tránsito, tendrán que lidiar con el manejo de la migración de manera permanente. Las prohibiciones y restricciones no parecen ser el camino correcto. Si todos los países del mundo aplicaran las reglas de reciprocidad e impusieran las mismas limitaciones, condiciones y requisitos que ponen los países poderosos para viajar y emigrar, el mundo dejaría de funcionar.

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11 de marzo de 2010

Cuba

Contra Cuba, lo inaudito

Ángel Guerra Cabrera

Algo muy pérfido está en marcha contra Cuba. Desde comienzos de 2010 se advierte una intensificación de la permanente campaña mediática anticubana y grandes presiones de la ultraderecha del viejo continente al gobierno de Rodríguez Zapatero para que en su condición de presidente de turno de la Unión Europea renuncie a modificar la Posición Común hacia Cuba, una subordinación a Washington de la política del bloque con la isla instaurada a instancia de Aznar que La Habana rechaza categóricamente.
El gobierno de Obama, también vapuleado por la extrema derecha no sólo no ha hecho nada sustantivo para distender la relación con La Habana, sino da muestras de volver al curso agresivo e injerencista. Aparte de la libertad para que los cubanoestadunidenses puedan viajar y enviar remesas a sus familiares en la isla no existe ninguna iniciativa importante de esta administración para mejorar la relación bilateral a pesar de la reiterada disposición de Cuba de abrir un diálogo “respetuoso sobre todos los temas siempre que sea entre iguales y sin menoscabo de la independencia, la soberanía y la autodeterminación”. Al bloqueo no se le ha quitado ni un pelo y Washington sigue protegiendo a Luis Posada Carriles con el circo montado para juzgarlo como mentiroso y no como terrorista. Los cinco antiterroristas cubanos continúan presos y ni siquiera se les permite la visita de sus esposas. Las fábricas de mentiras arman contra Cuba manipulaciones inauditas mientras no se enteran del genocidio en Irak, Afganistán y Palestina, la represión en Honduras, las bases yanquis en Colombia o la Cumbre de Copenhague arrollada por la dictatorial postura del flamante Nobel de la paz.

El imperio y sus aliados se refocilan en eso de enmendar la plana a sus antiguas dependencias; en el caso de Cuba se trata de la intolerancia hacia el derecho de los pueblos a escoger una forma distinta de vivir y construir su futuro. La independencia de la isla los saca de quicio y en esa tesitura son tan carentes de escrúpulos que empujan a la muerte a un recluso en una cárcel cubana para luego culpar a Cuba y ahora esperan con ansiedad el mismo desenlace en otro supuesto opositor para de nuevo culparla. Es el colmo del cinismo reprochar a La Habana que no haya satisfecho las desmesuradas peticiones de la huelga de hambre de ambos individuos: de uno, cocina, televisor y teléfono en la celda; del otro, la libertad de 26 presos supuestamente políticos pero en realidad agentes pagados de Estados Unidos. El gobierno cubano ha dicho que no es ético forzar a estas personas a injerir alimentos, como se hace habitualmente en el campo de concentración de Guantánamo, al tiempo que reafirma su probada actitud de administrarles todos los cuidados médicos necesarios en estado inconsciente. Nadie ha esclarecido en palabras tan directas como sencillas los fundamentos morales y jurídicos aquí involucrados como el presidente Lula da Silva a una pregunta expresa de la agencia Ap: … la huelga de hambre no puede ser utilizada como un pretexto de derechos humanos para liberar a las personas. Imagine si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran su libertad.

Washington mantiene a Cuba en todas sus listas negras. El torturador de Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram y las cárceles secretas, el genocida de Irak y Afganistán la acusa de patrocinar el terrorismo, una infamia escandalosa. En enero de este año el gobierno de Obama incluyó a la isla en la lista de países cuyos ciudadanos son objeto de medidas de revisión adicional en los aeropuertos de todo el mundo alegando que se tiene “bien ganado” un puesto entre los países que cooperan con el terrorismo. En febrero, al celebrarse la segunda ronda de conversaciones migratorias en La Habana, interrumpidas durante la era Bush y único contacto entre los dos países, la delegación yanqui llevó a cabo un grosero acto de provocación al reunirse en la Oficina de Intereses de Estados Unidos con una representación de los colaboracionistas a sueldo que mantiene en la isla. Lo que está demostrando hasta ahora Obama es que su interés con Cuba consiste en alebrestar a la esmirriada contrarrevolución interna y continuar promoviendo el cambio de régimen. Si para ello hay que empujar a la huelga de hambre y la muerte a personas de probada inestabilidad emocional y afán desmedido de protagonismo, poco importa, son desechables.

aguerra_123@yahoo.com.mx

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7 de marzo de 2010

Arquitectos de Política

Los no elegidos “arquitectos de política”

Noam Chomsky
 
Los desplazamientos del poder en el mundo, actuales o potenciales, constituyen un animado tópico entre los formuladores de política y los observadores. Una de las preguntas es si China desplazará (o cuándo) a Estados Unidos como el protagonista dominante global, tal vez junto con India.

Este cambio provocaría que el sistema mundial volviera a algo como era antes de las conquistas europeas. El crecimiento económico de China e India ha sido rápido, y gracias a que rechazaron las políticas occidentales de desregulación financiera sobrevivieron la recesión mejor que la mayoría. Sin embargo, surgen interrogantes.

Una medición estándar de bienestar social es el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, cuyos datos más reciente son para 2008. India ocupa el 134 lugar, ligeramente por encima de Camboya y por debajo de Laos y Tayikistán, aproximadamente el mismo sitio que ha ocupado durante años. China se ubica en el lugar 92 –empatado con Belice, un poco arriba de Jordania, abajo de República Dominicana e Irán.

India y China también tienen mucha desigualdad, así que más de mil millones de sus habitantes caen aún más en la escala.

Otra preocupación es la deuda de Estados Unidos que, se teme, coloca al país bajo el yugo de China. Aparte de un breve interludio, desde hace mucho Japón ha sido el principal tenedor internacional de deuda del gobierno estadunidense. Además, el apalancamientos de los prestamistas está sobrevalorado.

En una dimensión, el poder militar, Estados Unidos se yergue completamente solo. Y Obama está imponiendo niveles históricos con su presupuesto militar. Casi la mitad del déficit estadunidense se debe al gasto militar, intocable en el sistema político.

Al considerar los otros sectores de la economía de Estados Unidos, el premio Nobel Joseph Stiglitz y otros economistas advierten que debemos cuidarnos del “fetichismo deficitario”. El déficit estimula la recuperación, y puede superarse con una economía al alza, como sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando éste era mucho peor.

Se espera que la deuda crezca, debido principalmente al totalmente ineficiente sistema privatizado de cuidado de la salud –también virtualmente intocable, gracias a la habilidad de las empresas para superar la voluntad pública.

No obstante, el marco de estas discusiones es engañoso. El sistema global no sólo es una interacción entre estados donde cada uno busca cierto “interés nacional”, ajenos a la distribución del poder interno. Desde hace mucho se ha entendido eso.

Adam Smith concluyó que los “principales arquitectos” de la política en Inglaterra eran los “comerciantes y manufactureros”, quienes se aseguraban de que sus propios intereses fueran “atendidos de la forma más peculiar”, sin importar sus “penosos” efectos sobre los demás, incluyendo el pueblo de Inglaterra.

La máxima de Smith sigue siendo cierta, aunque actualmente los “principales arquitectos” son las corporaciones multinacionales y, particularmente, las instituciones financieras cuya participación en la economía ha explotado desde los años 70.

En Estados Unidos hemos visto una dramática ilustración del poder de las instituciones financieras. Durante la última elección presidencial aportaron el núcleo del financiamiento del presidente Obama.

Naturalmente esperaban ser recompensados, y así fue –con los Programas de Alivio de Activos en Problemas (TARP) y con mucho más. Por ejemplo Goldman Sachs, la más dominante en la economía y el sistema político. La firma hizo una fortuna vendiendo títulos respaldados por hipotecas e instrumentos financieros más complejos.

Conocedora de la fragilidad de los paquetes que ofrecía, la firma aceptó apuestas con la gigantesca aseguradora American International Group que estos iban a desplomarse. Cuando el sistema financiero se colapsó, AIG también se vino abajo.

Los arquitectos de política de Goldman no sólo negociaron un paquete de rescate para Goldman sino también lograron que los contribuyentes salvaran a AIG de la bancarrota, consecuentemente rescatando a Goldman.

Ahora Goldman está registrando ganancias históricas y pagando gruesos bonos y, junto con algunos otros bancos importantes, es más grande y fuerte que nunca. El público está furioso. La gente puede ver que los bancos que fueron agentes principales de la crisis están prosperando grandemente, mientras la población que los rescató se enfrenta a un desempleo de casi 10 por ciento.

El descontento popular finalmente evocó un cambio de retórica de la administración estadunidense, que respondió acusando de codiciosos a los banqueros, junto con algunas sugerencias de política que a la industria financiera no le agradan (la Regla Volcker y otras propuestas).

Dado que se suponía que Obama iba a ser su hombre en Washington, los principales arquitectos perdieron poco tiempo antes de lanzar sus instrucciones: a menos que Obama se alineara nuevamente, enviarían sus fondos a la oposición política.

En pocos días, Obama informó a la prensa que los banqueros eran buenos “tipos”, singularizando a los dos principales, JP Morgan Chase y Goldman Sachs: “Al igual que la mayoría de los estadunidenses, no tomo a mal la riqueza o el éxito de la gente. Es parte del sistema de libre mercado” –como se interpretan los “mercados libres” en la doctrina del capitalismo de Estado. Ese cambio radical es una fotografía reveladora de la máxima de Smith en acción.

Los arquitectos de la política también están operando un verdadero cambio de poder: de la fuerza de trabajo mundial al capital trasnacional.

Martin Hart-Landsberg, economista y especialista en China, explora la dinámica. China se ha convertido en la planta ensambladora de un sistema de producción regional. Japón, Taiwán y otras economías asiáticas desarrolladas exportan a China partes y componentes de alta tecnología, donde se ensamblan y exportan los productos terminados.

El creciente déficit comercial de Estados Unidos con China ha generado preocupación. Se ha hablado menos de que éste se ha reducido marcadamente con Japón y el resto de Asia conforme toma forma el nuevo sistema de producción regional. Las manufactureras estadunidenses están siguiendo el mismo camino, enviando partes y componentes a China para que ésta ensamble y exporte, en su mayoría de regreso a Estados Unidos. Para las instituciones financieras, comercializadoras gigantes de venta al minoreo y los dueños y gerentes de industrias manufactureras, estos desarrollos son celestiales.

Y bien entendidos. En 2007, Ralph Gomory, director de la Fundación Alfred P. Sloan, testificó ante el Congreso que “en esta nueva era de globalización, los intereses de las empresas y los países han divergido. En contraste con el pasado, lo que es bueno para las empresas globales estadunidenses ya no necesariamente es bueno para los ciudadanos estadunidenses.

Examinemos a IBM. A finales de 2008 más de 70 por ciento de los 400 mil trabajadores de la empresa estaba en el extranjero, informa la revista Business Week. En 2009, IBM redujo su nivel de empleo en Estados Unidos otro ocho por ciento.

Para la fuerza de trabajo el resultado podría ser “penoso”, según la máxima de Smith, pero es bueno para los principales arquitectos de la política. Las investigaciones actuales indican que aproximadamente una cuarta parte de los empleos estadunidenses será “extranjerizado” en dos décadas, y los que queden se enfrentarán a menos beneficios y sueldos debido a la mayor competencia de los trabajadores remplazados.

Este patrón sigue a 30 años de estancamiento o desplome para la mayoría conforme la riqueza fluye hacia pocos bolsillos, llevando probablemente a la mayor desigualdad de la historia de Estados Unidos.

Pese a que China se está convirtiendo en la ensambladora y plataforma de exportaciones del mundo, los trabajadores del país están sufriendo junto con el resto de la fuerza laboral mundial, como lo anticiparíamos en un sistema diseñado para concentrar riqueza y poder y para que los trabajadores compitan entre ellos globalmente.

En el mundo, la participación de los trabajadores en el ingreso nacional se ha reducido en muchos países –radicalmente en China, generando creciente inestabilidad en esta altamente desigual sociedad.

Así que tenemos otro cambio importante en el poder mundial: de la población general a los principales arquitectos del sistema global, proceso asistido por el socavamiento de la democracia funcional en los países más poderosos.

El futuro depende de cuánto esté dispuesta a soportar la gran mayoría, y si se puede desarrollar una respuesta constructiva que confronte los problemas en el centro del sistema de capitalismo de Estado de dominación y control. De lo contrario, los resultados podrían ser tétricos, como lo revela más que ampliamente la historia.

 (Se espera que el nuevo libro de Noam Chomsky, Hopes and Prospects, salga a la venta en marzo. Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge).

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6 de marzo de 2010

Artículo sobre FAO

La FAO, contaminada transgénicamente

Pat Mooney*

Estamos atestiguando a la contaminación transgénica de la FAO. Eso es una tragedia. Todo el proceso ha contaminado a la FAO. Es sorprendente darnos cuenta que, a lo largo de los últimos meses, mil 500 organizaciones campesinas, sociales y de la sociedad civil de todo el mundo escribieron una carta al secretariado general de la FAO diciéndole: tienen que hacer algo respecto a un crimen de lesa humanidad que está ocurriendo aquí en México con los cultivos de maíz”. La FAO respondió: “nos encantaría ayudar, pero se trata de un asunto nacional, y nosotros no podemos intervenir en un asunto nacional”.


Después, la FAO viene a México, y realiza una conferencia sobre la biotecnología en cultivos y, cuando los agricultores, los campesinos y las organizaciones de aquí, como UNORCA, le dicen a la FAO que quieren participar en ella para hablar sobre la contaminación transgénica, la FAO responde: “nos encantaría que vinieran pero, desafortunadamente, esta es una conferencia internacional y ustedes no pueden asistir”. De tal manera que, lo que atestiguamos aquí es la contaminación de la FAO a manos de las empresas trasnacionales y la cobardía de la FAO para abordar este tema como organización del sistema de Naciones Unidas, y eso es absolutamente inaceptable.

Si se miran los crímenes contra la humanidad, como lo es la contaminación transgénica del maíz, debemos mirar también el crimen contra la humanidad que representa la contaminación de la Organización de Naciones Unidas.

Hambruna

Hubo una vez, hace 35 o 36 años, una hambruna. Y en esa hambruna, mientras la gente moría vimos que hubo también especulación en el mercado, vimos que mucha comida desaparecía del mercado, vimos muy altos precios de los alimentos. Había sequía, altos precios del petróleo, preocupación sobre el futuro de la economía petrolera y una preocupación también porque la crisis alimentaria tal vez se quedaría con nosotros por muchas décadas. ¿Les suena familiar? ¿Habían oído hablar de estas crisis antes?

De manera que el mundo (o al menos nosotros) teníamos un problema. Y el problema era terminar con el hambre y asegurarnos de que los agricultores fueran tratados honorable y equitativamente mientras nos ayudaban a terminar con el hambre. Necesitábamos una reforma agraria, necesitábamos mercados justos, necesitábamos ser tratados equitativamente.

Teníamos un problema, pero la industria tenía una oportunidad, porque las crisis siempre crean oportunidades para alguien. La oportunidad para la industria era que enfrentaba un mercado sumamente diversificado y ese mercado diverso de insumos y productos (fertilizantes, agroquímicos y semillas) no era tan lucrativo como podía ser. Desde la perspectiva de la industria, había demasiadas empresas semilleras, demasiadas empresas químicas, todas demasiado desorganizadas, lo cual no ofrecía muchas oportunidades para generar ganancias. Y para la industria también estaba el problema de cómo convencer al sector público para que dejara de competir con el sector privado, el problema de sacarlo de la competencia. Ese fue el origen de las llamadas Asociaciones Público-Privadas (Public-Private Partnerships). Lo que las empresas propusieron fue: “No se preocupen. Nosotros nos encargaremos del hambre. Todo lo que ustedes tienen que hacer es entregarnos lo que necesitamos para controlar el mercado”. La industria dijo: “tenemos esta tecnología nueva. Es extremadamente cara. Es muy riesgosa, en términos de nuestra inversión e investigación, así que necesitamos que el gobierno nos abra un espacio para que podamos desarrollar esta tecnología y poder así alimentar a los hambrientos del mundo”.

Lo único que los gobiernos debían hacer eran tres cosas: 1) tenían que cambiar el sistema de patentes para posibilitar la propiedad sobre la vida, para poder tener patentes monopólicas sobre todos los aspectos de los seres vivientes, es decir, sólo cambiar las leyes un poco; en términos de regulación, los gobiernos sólo tendrían que hacerse un poco de la vista gorda, cuando las empresas comenzaran a concentrarse a través de diferentes sectores de la economía. “No se preocupen por la política de competencia. Permitan que las compañías fabricantes de pesticidas adquieran empresas semilleras y permitan que las empresas farmacéuticas comprarlas a todas”. 2) Que el gobierno dejara de competir con la industria privada. En esta asociación público-privada propuesta por la industria, el sector público tenía que desaparecer, para que así dejara de haber investigación financiada con recursos públicos que estuviese directamente vinculada con los agricultores, con los campesinos. La investigación pública debería estar únicamente vinculada con las empresas y nadie más. 3) Había que convencer a las pequeñas empresas en el sector privado (a las pequeñas empresas semilleras familiares y todas las pequeñas industrias) de que tampoco estaban calificadas para competir porque esta tecnología es demasiado grande y cara como para que las pequeñas empresas pudieran costearla y sobrevivir. Así que las pequeñas empresas debían rendirse y dejarse comprar. Y las empresas obtuvieron todo lo que pidieron.

La concentración monopólica

A lo largo de los últimos 35 años, después de la última gran crisis alimentaria, lo que ocurrió fue que pasamos de alrededor de 7 mil diferentes empresas semilleras en el mundo, que abastecían de semillas a los agricultores, a sólo cuatro empresas que controlan más de la mitad del mercado mundial de semillas. Y las 10 más grandes empresas controlan más de dos terceras partes del mercado mundial de semillas comerciales. Y las principales empresas químicas han pasado de ser alrededor de 65 a apenas ser nueve, que controlan cerca de 90 por ciento del mercado mundial de pesticidas. Y del mismo modo, las grandes empresas se han apropiado del mercado de la medicina veterinaria y del mercado de la genética del ganado.

Y como ustedes saben, las principales empresas fabricantes de pesticidas son las mismas principales empresas semilleras en el mundo y también son las principales fabricantes de medicamentos veterinarios y muchas de ellas se están moviendo hacia el mercado de la genética animal y el control genético del ganado. Y en todo el mundo, el sector público se marchita y muere, y aquello que queda de él, ese pequeño sector está casi enteramente al servicio del sector privado, esto es, al servicio de las grandes empresas.

Y, por supuesto, la gran tecnología que propusieron las empresas hace 35 años, la tecnología que resolvería los problemas del hambre en el mundo es la biotecnología, los transgénicos.

¿Han notado ustedes cuán exitosas han sido las empresas? En 1996 había 400 millones de hambrientos en todo el mundo. El año pasado, durante la última cumbre sobre alimentación, se contabilizaban mil millones de hambrientos en el planeta. Han tenido mucho éxito, pero nosotros todavía tenemos un problema: hambre, injusticia, la destrucción de la agricultura campesina alrededor del mundo. Ahora la ONU se vuelve a reunir, aquí en Guadalajara y lo que dice es: “tenemos un problema”. “Tenemos una crisis alimentaria, una crisis de los combustibles fósiles, una crisis financiera, una crisis climática. ¿Qué vamos a hacer?” Y la industria está aquí en Guadalajara diciendo: “No se preocupen. Tenemos una solución. Estamos yendo aún más allá de la biotecnología y hemos empezado a hablar de la biología sintética. Tenemos una nueva generación de tecnologías que resolverán sus problemas.

Según la industria, nosotros hemos estado pensando mal el problema. Hemos estado pensando en cosas como comida; hemos estado viendo a la tierra como un espacio para cultivar medicinas, o bien, como un espacio donde vivir, cuando, en realidad se trata sólo de carbohidratos. Sólo es biomasa. En realidad, según la industria, no necesitamos de los agricultores para producir alimentos; “lo que necesitamos es cultivar biomasa”. Y al final del día, lo único que necesitamos decidir es cómo usar esa biomasa. ¿La usaremos para alimentar nuestros automóviles? ¿La usaremos para alimentar a nuestra gente? ¿A nuestro ganado? ¿Para producir plásticos u otros bienes industriales? “Sólo es biomasa”.

El problema para la industria es, por supuesto, convencernos de que esta tecnología es en verdad la solución, de que esta nueva y extrema ingeniería genética, este nuevo nivel de la biotecnología es la solución a todos nuestros problemas. Y dicen que ésta es también la solución al cambio climático. A medida que nuestros cultivos están en un riesgo mayor mientras cambia el clima, a medida que debemos enfrentar nuevas plagas y enfermedades, necesitamos transitar por este enfoque extremo para adaptarnos rápidamente a nuevas condiciones que nunca antes habíamos experimentado. Y la industria nos dice: “sólo confíen en nosotros”.

La oportunidad para la industria

De manera que, nuestro problema de hambre es, nuevamente, una oportunidad para la industria. Y esa oportunidad se reduce a un simple hecho: que, para ellos, en la actualidad, menos de una cuarta parte de la biomasa terrestre anual es utilizada o, como ellos la ven, mercantilizada, es decir, como objeto de compra-venta en el mercado. Esto significa que para la industria, tres cuartas partes de la biomasa mundial todavía es susceptible de ser mercantilizada, que está ahí para ser controlada, poseída por la industria.

Las empresas necesitan entonces crear un nuevo mito tecnológico que les permita obtener acceso a ese 75 por ciento de la biomasa del mundo. Si ustedes son campesinos aquí en México, saben bien que no existe tal cosa como biomasa sobrante o desaprovechada. Ustedes saben que esa biomasa es usada por la madre naturaleza para mantener los ecosistemas, es usada para medicamentos o para alimentar al ganado; por supuesto que es usada como alimento, pero siempre es aprovechada, siempre tiene un lugar y una función. Es absurdo, deshonesto y una desgracia el sólo sugerir que la biomasa del mundo no es utilizada. Pero la biomasa que no es propiedad privada, que no es controlada por las empresas es vista como “un crimen de lesa industria”. Y quieren detener ese “crimen” aquí, en este país, mediante el control de los centros de diversidad agrícola y mediante el control del maíz.

La lucha más importante hoy es por asegurarnos de que el maíz siga siendo lo que ha sido a lo largo de la historia, que el maíz siga siendo de la tierra y del pueblo de México. Esa es la batalla más importante. Si ustedes pierden la batalla en el centro de origen del maíz, entonces perderemos los centros de origen de la diversidad agrícola en todo el mundo. No podemos ganar si ustedes pierden. Ustedes no sólo están luchando en defensa del maíz, no sólo están luchando contra Monsanto. Están luchando contra los nuevos “amos de la biomasa” y contra los nuevos controles que ellos proponen sobre las nuevas tecnologías. Todos dependemos de ustedes.

He visto los carteles que rezan: “Sin maíz no hay país”. Pero eso no es suficiente. Yo creo que sin maíz no hay humanidad. Lo necesitamos. Si ustedes pierden aquí, todos perderemos.

*Director Ejecutivo del Grupo ETC. Intervención en la Audiencia Los transgénicos nos roban el futuro, organizada por La Vía Campesina, la Red en Defensa del Maíz y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales.

Traducción: Octavio Rosas Land

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¿Qué destapó el terremoto en Chile?


Marcos Roitman Rosenmann*
Existen países que siempre se verán afectados por catástrofes naturales. Chile es uno de ellos. Los terremotos y tsunamis han dejado una huella profunda en su historia. No son una excepción. Es una tragedia que se repite. El problema tiene dos caras. Una hace referencia a la naturaleza del fenómeno y la otra al contexto sociopolítico y económico en el cual se produce. Primero nos encontramos ante la incapacidad humana de predecirlos con suficiente antelación para alertar a la ciudadanía. Y en segundo lugar tenemos el grado de organización del Estado para enfrentar sus consecuencias, no importando su magnitud. Estas dos variables marcan las diferencias con relación a huracanes, tifones, heladas o erupciones volcánicas. Estos pueden predecirse con un alto grado de fiabilidad. La sorpresa no existe. El diseño de un plan de evacuación y protección civil puede movilizar y articular a la sociedad civil en la defensa de sus bienes muebles e inmuebles. Poner en tensión todas las estructuras de poder en beneficio de la colectividad aminora los miedos y puede incluso hacer imperceptible los daños causados. Educar en esta dirección es una manera de estar atentos. En esto consiste la diferencia entre unos países y otros de América Latina. Cuba representa un buen ejemplo de lo dicho. Cuando los huracanes amenazan su población, la celeridad y organización muestran su eficacia.
Ahora bien, si hablamos de hacer frente a temblores de alta intensidad su prevención tiene otra dinámica. Consiste en aplicar los conocimientos técnicos más avanzados en el arte de la construcción y la ingeniería sísmica. Edificar de manera segura y vigilar que se cumplan las normas es la mejor y tal vez la única forma de aminorar los daños materiales e impedir una hecatombe humana. En este sentido, las autoridades políticas no pueden relajarse ni bajar la guardia. Hay que estar siempre alerta y tener capacidad de respuesta. Controlar la situación o convertir la tragedia humana y el desastre natural en un sin fin de improvisaciones es la distancia que separa a un sistema político democrático de cualquier otro. Inclusive puede llegar a destapar la inoperancia de sistemas considerados fuertes y bien ordenados. Sirva como dato las repercusiones del terremoto de 1985 que afectó fundamentalmente a la ciudad de México.

En Chile, tras el golpe militar de 1973, el Estado ha sido desmantelado y sus organizaciones sociales populares perseguidas y desarticuladas. En este contexto, cualquier catástrofe natural cobra una dimensión mucho mayor. Si tomamos como ejemplo los terremotos de 1960 en pleno gobierno conservador de Jorge Alessandri, de similares características en intensidad, y el de 1971, ocurrido durante el gobierno de la Unidad Popular, encontramos grandes diferencias en la forma cómo se abordaron y en la respuesta de toda la ciudadanía. La solidaridad unió a los chilenos en la tragedia. Todos quisieron aportar su grano de arena. Trabajos voluntarios, colectas y sobretodo cooperación. No hubo necesidad de aplicar leyes de excepción, imponer el toque de queda o llamar al ejército a defender la “propiedad privada” de las hoy opulentas clases dominantes chilenas surgidas al amparo del neoliberalismo.

Esta sutil pero radical diferencia marca la línea divisoria. En el siglo pasado, el Estado por vía de sus organismos públicos, asumió la distribución de medicinas, instaló hospitales de campaña, trasladó a los enfermos más graves a centros hospitalarios y distribuyó comida, agua y mantas. No hubo desmanes, ni asaltos, ni nada parecido. Existía conciencia de poseer una ciudadanía republicana que obligaba colectivamente. Las sensaciones fueron de sobrecogimiento, dolor y pesar. Si bien los más damnificados fueron, como de costumbre, las clases populares y los sectores medios, una sociedad cohesionada disminuyó el tiempo del sufrimiento. Era una forma de interpretar la desgracia. No se trataba de las pérdidas materiales y vidas humanas. Lo importante radicaba en la capacidad para transformar la aflicción en esperanza. Construir una cadena y sin fisuras. Todos se sentían parte del problema y arrimaron el hombro. También, como de costumbre, los más aguerridos fueron quienes perdieron todo o casi todo. Ellos sacaron fuerzas de flaqueza y dieron el ejemplo. Pero no estaban o se sentían abandonados, recibieron la mano amiga y el apoyo de sus conciudadanos. La respuesta fue un símbolo de unidad. Gobierno, instituciones, partidos políticos, movimientos sociales actuaron al unísono.

Hoy, tras el terremoto, no es posible articular una respuesta solidaria y eficaz. Los gobernantes de Chile sólo han podido recurrir a la fuerza bruta. El país no posee la capacidad de respuesta de antaño. Todo es diferente. Las acciones del gobierno y la oposición buscan otros objetivos. Ya no se trata de paliar los efectos humanos y sociales del sismo. Se debe afirmar y mantener una mentira, aquella que señala a Chile como un país de éxito y autosuficiente. Con este relato se quieren minimizar las consecuencias y dejar incólume los fundamentos deshumanizadores del neoliberalismo. Se recrean en su mentira haciendo disminuir las cifras de muertos, como si el dato estadístico fuese un símbolo de buena salud del sistema, restando importancia al problema de fondo. Me refiero al individualismo que se apoderó durante estos 40 años del alma de los chilenos, donde no hay espacio para la solidaridad ni la cooperación. Ahora se trata de competir en el mercado, ser un ganador. No en vano, su futuro presidente, Sebastián Piñera, adjudica su triunfo a la capacidad para interpretar el sentir del chileno medio y del cual se dice un digno representante: una buena preparación académica, una gran iniciativa personal para hacer dinero y un cierto grado, no demasiado, de vocación para ejercer el servicio público.

Seguramente, con estos dones, algunos especuladores se están frotando las manos para encauzar los megaproyectos de reconstrucción. Así, el sismo dejará pingues beneficios. Por estas razones, las autoridades políticas que gobiernan Chile sólo han pensado en atacar el problema en una dirección: declarar el toque de queda, militarizar las zonas afectadas y aplicar la ley marcial. Sin duda, al hacerlo han dejado al descubierto las contradicciones del actual sistema político chileno: sus carencias democráticas. Ojalá el terremoto sirva para desvelar la gran farsa de Chile, sustentada en un sálvese quien pueda, pero yo el primero.


*Es doctor en Sociología. Profesor Titular de Estructura social de América latina, Universidad Complutense de Madrid

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